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Babélia. El individuo contrapuesto
Luxemburgo 3 min. 03.04.2020

Babélia. El individuo contrapuesto

Babélia. El individuo contrapuesto

Foto: AFP
Luxemburgo 3 min. 03.04.2020

Babélia. El individuo contrapuesto

No segundo texto de Babélia no Contacto, Jonathan Diez escreve: "En estos tiempos de pandemia, la soledad es el principal personaje en estas calles: no se ve a nadie ni en el bosque, ni en ningún lado. Walking Dead no es una comparación tan descabellada. "

Vivo a las faldas de una colina, a la entrada de un bosque, que se expande con sus pinos y sus cedros, entre Francia y Luxemburgo. En la zona, las calles son simpáticas, con casas antiguas del barrio italiano (aquí mismo se instalaron después de la guerra los extranjeros que vinieron a trabajar las minas), muchos bares portugueses, un cine de última generación y hasta un pequeño museo al lado de la estación del tren, la última de la frontera. Vivo en un lugar, digamos, no aislado -suena muy a telenovela eso- pero sí retirado del bullicio de la capital, con robles y caminos de terraplén, verdes en primavera y blancos en invierno.

En estos tiempos de pandemia, la soledad es el principal personaje en estas calles: no se ve a nadie ni en el bosque, ni en ningún lado. Walking Dead no es una comparación tan descabellada. Desde mi ventana puedo ver el centro del pueblo, pero ahora solo llegan hasta el balcón los campanazos de la iglesia. Las aves son las dueñas de los sonidos. Tiendas y bares cerrados. Cafeterías y carnicerías desiertas. Supermercados con hora punta: es vital encontrar el desinfectante que nos podría salvar la vida. Salgo al bosque una vez al día (permitido en Luxemburgo) y hoy ya casi nadie se saluda, como se solía hace hasta hace tres semanas, por el miedo a que una partícula se escape con nuestras palabras y contagie al desconocido y nunca nos enteremos. Ahora más bien nos alejamos unos pasos si viene alguien hacía nosotros. Y después, a casa, a privarnos del maravilloso sol de primavera.

Ya son tres semanas de aislamiento voluntario. Pero siempre conectado a una pantalla. Del ordenador al teléfono, de la Tablet al Kindle, de la tele al Play Station. Así transcurre nuestra vida en retiro, en un vidrio multicolor acontece nuestro mundo, nuestras conversaciones con amigos y familiares. Todas nuestras relaciones. ¿Aislados pero conectados? ¿O en el fondo, solos, muy solos?

La idea de soledad tiene, desde cierto punto de vista, privilegios de clase. Hay una gran diferencia entre un solitario que se mueve entre el estudio y la sala de estar, y pues a vivir en un cuarto de 20 metros cuadrados sin ventana y el baño compartido. De otro lado, en nuestro mundo moderno y estúpido, se considera como buena salud mental ser extrovertido y lo introvertido es hasta considerado de malos modales en esta insulsa idea de glorificar al individualismo.

Justamente por esta razón, pocas cosas quedan tan claras ahora que estamos en el corazón de la crisis: necesitamos a “el otro”. El futuro como civilización tiene que ser pensado en términos de sociedad y no de alejamiento. Estamos tan acostumbrados a publicar nuestra vida en internet, lo que comemos, bebemos, dónde vacacionamos, dónde cagamos, que hoy, ante la obligación de aislarnos, se nos abre una dinámica muy difícil con la que convivir. Hoy el yo tiene un nuevo reto: la lucha contra la alienación de uno mismo.


Pasionaria
Babélia. Llamada telefónica
Começamos hoje uma seção de textos em castelhano, italiano e em outras línguas. O primeiro texto é do músico e jornalista peruano, residente no Luxemburgo, Jonathan Diez.

Mientras eso, mi mujer y yo tratamos de despejarnos con películas, libros y hasta pintamos juntos. Por el momento, así llevamos nuestra soledad.

Jonathan Diez

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